Rama flor de guisante artificial: elegancia ligera para tu decoración
La flor de guisante tiene una de las siluetas más delicadas del jardín: tallos que se curvan con libertad, flores que parecen revolotear y una escala que no aplasta ningún espacio. Esta rama flor de guisante artificial reproduce esa misma ligereza con un acabado en látex que imita la textura y la suavidad del pétalo natural, muy por encima de lo que ofrece la seda convencional.
Con 90 cm de altura, cada tallo tiene presencia suficiente para protagonizar un jarrón alto o integrarse en composiciones de mayor escala sin perder su carácter aéreo.
Cuatro colores para cada rincón
El surtido incluye cuatro tonalidades pastel pensadas para complementarse:
- Lila azulado — fresco y luminoso, funciona solo o combinado con blancos y verdes.
- Malva oscuro — el más intenso del grupo, ancla composiciones sin resultar pesado.
- Rosa suave — neutro floral por excelencia, entra en casi cualquier paleta.
- Coral/salmón — aporta calidez mediterránea, ideal junto a terracota o mimbre.
Puedes usarlos por separado para un efecto monocromático o mezclar dos o tres tonos para conseguir una composición más viva y natural.
Cómo combinar tu rama flor de guisante artificial
La verticalidad de estos tallos los convierte en aliados directos de los jarrones altos y estrechos. Algunas ideas concretas:
- Con ramas de eucalipto o follaje verde — el contraste entre las flores ligeras y el verde estructurado da profundidad al arreglo.
- En una composición de primavera — junto a tulipanes artificiales o ranúnculos, el guisante aporta el elemento más aéreo y desenfadado.
- Solo, en grupo de tres tallos — reunidos en un jarrón de cerámica mate, crean un punto focal sin necesidad de más elementos.
- En decoración de eventos o bodas — su escala y sus colores pastel los hacen muy usados en centros de mesa altos y arcos florales.
Sin mantenimiento, con presencia duradera
Al no ser flores naturales, no pierden pétalos, no necesitan agua y mantienen su color sin decolorarse con la luz ambiental habitual. Un golpe suave con un paño seco o un plumero es suficiente para mantenerlos en perfecto estado durante años. Si se dobla algún tallo durante el transporte, basta con aplicar calor suave —un secador a distancia— para recuperar la forma original.