410,00 €
Olivo artificial grande de 190 cm que funciona como pieza principal en salones, recibidores y espacios de techo alto. Reproduce las hojas estrechas y las aceitunas del olivo mediterráneo, con tronco de corteza texturizada. Llega plantado en maceta negra lista para colocar o para introducir en un macetero decorativo. Sin riego ni mantenimiento.
| Dimensiones | 120 × 190 cm |
|---|---|
| Material | Hojas y frutos de epoxi sintético de tacto real sobre estructura de alambre; tronco de resina texturizada |
| Color | Verde oliva grisáceo con envés plateado; aceitunas en verde, marrón y negro; tronco marrón grisáceo |
| Altura | 190cm |
| Diámetro de copa | 120cm |
| Maceta | Incluida — maceta negra de plástico con musgo artificial. |
| Estilo | Mediterráneo |
| Uso recomendado | Interior y exterior cubierto |
| Mantenimiento | Sin riego. Plumero o paño húmedo cada 2-3 semanas |
1 disponibles
Un metro noventa cambia la escala de una estancia. Este olivo artificial grande alcanza esa altura y funciona como pieza principal, no como complemento. Su tronco único sube limpio durante buena parte del recorrido y ramifica arriba, así que ocupa aire sin comerse el suelo. En un rincón vacío, junto a un ventanal o detrás de un sofá bajo, llena el hueco que ninguna planta de mesa consigue tapar.
Las hojas reproducen la forma alargada y estrecha del olivo real. El haz muestra un verde oscuro apagado y el envés vira a un tono plateado. Ese contraste hace que un olivo natural parezca cambiar de color con el viento. Entre el follaje aparecen aceitunas en distintos grados de maduración: unas todavía verdes, otras marrones, algunas casi negras. Ese detalle separa un árbol decorativo creíble de uno que canta a plástico.
El tronco lleva corteza texturizada, con grietas y nudos marcados en relieve. En las ramas altas la corteza se aclara y aparecen cicatrices de poda simuladas. Las ramas conservan algo de flexibilidad, así que puedes abrirlas o cerrarlas al desembalar para ajustar el volumen de la copa al hueco disponible.
El árbol llega plantado en una maceta negra de plástico, estable y discreta. Sirve tal cual si buscas un aire sobrio, pero funciona sobre todo como base: cabe dentro de un macetero decorativo más grande sin trasplantar nada. Un macetero de terracota envejecida refuerza el carácter mediterráneo. Uno de cemento pulido o de fibra en tono claro lleva la pieza hacia un registro más contemporáneo. Con un puñado de musgo preservado por encima tapas el borde y el conjunto gana bastante.
En un salón amplio, el rincón entre ventana y pared es su sitio natural. La luz lateral marca las hojas y proyecta sombras sobre el muro. En un recibidor de techo alto aporta verde donde rara vez llega luz suficiente para una planta viva. También rinde en zonas donde un olivo real lo pasaría mal: un baño grande, un despacho interior, el hueco de una escalera. En un local o un restaurante resuelve una esquina sin sumar trabajo al equipo.
Ten en cuenta la proporción antes de decidir el sitio. Con 190 cm de alto pide techos de 250 cm o más para no quedar apretado. Deja también algo de espacio libre alrededor para que la copa respire y las ramas no rocen la pared.
Un olivo vivo dentro de casa necesita muchísima luz directa, y en un piso español rara vez la encuentra. Acaba perdiendo hojas, se estira buscando la ventana y en dos inviernos pierde la forma. Esta versión mantiene la silueta intacta todo el año y no ensucia el suelo. Tampoco depende de que alguien la riegue cuando te vas de viaje. Para segundas residencias, oficinas o casas con mascotas resuelve el problema de raíz.
Junto a textiles de lino crudo, cerámica artesanal y madera sin barnizar compone una lectura mediterránea directa. Si tu casa tira a nórdica, contrasta bien con paredes blancas y muebles de roble claro. En interiores oscuros o de aire industrial, el verde grisáceo suaviza el hormigón y el metal negro. Evita rodearlo de muchas plantas artificiales pequeñas. Luce más siendo el único elemento vegetal de peso en la escena.
Sin riego, sin luz, sin poda, sin hojas en el suelo. Un plumero cada dos o tres semanas basta, y un paño ligeramente húmedo cuando se acumule polvo en las hojas altas. Colócalo lejos de la luz solar directa y prolongada, porque con los años el sol decolora los tejidos. Al desembalarlo, dedica unos minutos a separar ramas y repartir el follaje. Ese gesto marca la diferencia entre un árbol convincente y uno recién sacado de la caja.
Suscríbete a la lista de correo para recibir actualizaciones sobre novedades, ofertas especiales información sobre descuentos.
A partir de 100 €
100% Securizado
Devoluciones 14 días

